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Gabriela tenía apenas 19 años cuando empezó a trabajar en Personal. Un día, una amiga suya la invitó a una entrevista de grupo que estaban haciendo en la ciudad donde vivía. “Es una empresa que recién está desembarcando acá”, le dijo. Sin muchas expectativas, Gabriela la acompañó. Fue a la entrevista sin preámbulos, casual, improvisada (sin siquiera estar vestida para la ocasión). A la semana la llamaron y entró a trabajar.

Así fue como Gabriela empezó su carrera en el grupo Telecom. Desde cero, en el call center. De la atención al cliente Gabriela pasó a trabajar en posiciones de liderazgo en Recursos Humanos. Más adelante, saltó a diferentes gerencias que ocupó en su carrera. En algún punto, su trayectoria fue como un giro desde la atención al cliente hacia la preocupación por las personas. En febrero de este año se desvinculó de la empresa para perseguir otros proyectos que la apasionan. Enérgica y ambiciosa, va en busca de nuevos horizontes que le permitan seguir creciendo. Aunque crecer, para ella, no se limita a subir escalafones del mundo corporativo.

 

¿Cómo era tu historia antes y cómo es tu historia ahora?

Empecé a trabajar en Personal cuando Personal todavía no se llamaba así. Era la Compañía de Comunicaciones Personales del Interior. Yo era una estudiante casual, improvisada. Fui a una entrevista de grupo y quedé.

A lo largo de todos estos años fui subiendo por la escalera del mundo corporativo. Pasé por diferentes puestos gerenciales y terminé en una gerencia ejecutiva —una gerencia que tiene a cargo otras gerencias— de Gestión de Talento & People Caring, que en líneas generales se ocupa de implementar procesos para las áreas de Cultura, Capacitación, Clima, Gestión de Cambio, Cultura organizacional y liderazgo, entre otras cosas. Ahora me acabo de ir de Telecom. Quizá la constante en mi historia es que siempre quise construir mi camino y no dejar que se hiciera como por azar.

¿Qué aprendiste en el camino?

Entendí el concepto de crecimiento de una nueva manera. Para mí, el crecimiento no es solamente ir para arriba. Es también ir hacia los costados, expandirse a uno mismo, poder captar todas las áreas donde uno es talentoso y donde puede aportar valor y, a partir de ese entendimiento, pasar a la práctica. Crecer es no limitarse, es amplificar las propias pasiones y aportar en todo lo que a uno le suena.

Aprendí también que las capacidades técnicas son importantes y cuentan en el día a día para hacer las tareas operativas o funcionales, pero que la inteligencia emocional, las capacidades actitudinales son mucho más importantes. Uno trabaja con personas, y con las personas no hay límites.

¿Qué aconsejarías a quienes recién están empezando sus carreras?

Que hay pongan excusas. Las excusas no existen. En realidad, estar estancado es solamente una sensación. El estancamiento no está afuera, está en uno. Lo que tiene que saber la persona que está empezando es que no hay excusas para crecer, para desarrollarse, para lograr lo que se quiere. Y que uno se reinventa muchas veces. Siempre hay oportunidades, adentro o afuera de la empresa, y siempre, siempre, siempre se sigue aprendiendo.

¿Qué importancia tuvo el networking en tu desarrollo?

Para mí siempre fue muy importante poder ir a buscar lo que quiero y no quedarme sentada esperando a que eso llegue. En ese sentido, el networking me parece fundamental. Es como un abridor de caminos. No sólo me ayudó para ir encontrando nuevos espacios dentro de la empresa en la que desarrollé mi carrera, sino que también armó la base de contactos personales con la que me muevo hoy en día, afuera de la empresa. El networking que hice fuera de la empresa es el que hace que se muevan todos los proyectos que tengo desde que me fui de Telecom.

Por otro lado, el networking también me ayudó para poder ver cómo los demás me veían a mí misma. En este abrir puertas, encontrarse con personas, se da como un proceso de calibración donde uno logra una mirada más adecuada sobre sí mismo a partir de lo que le devuelven los demás. Este aspecto del networking me parece fundamental para cincelar cualquier carrera, para darle toques, correcciones.

¿Cuáles fueron los factores claves en tu crecimiento?

La honestidad profesional fue el más importante de todos. Haber dicho siempre lo que pensaba, aun en los casos en los que eso podía causar ciertas incomodidades. Encontrar la manera de decirlo —decirlo con tacto, con registro del contexto. La honestidad profesional también es elegir lo que querés: hacer un camino desde la indagación, desde lo que te moviliza.

¿Qué herramientas te sirvieron y podés recomendar hoy en día?

Como te decía, buena parte de lo que considero honestidad profesional es aprender a interactuar con el otro —encontrando la manera más comprensiva de hacerlo. El trato con las personas fue un eje en mi carrera, y por eso una herramienta que me sirvió muchísimo fue la certificación como Coach Ontológico que hice en el 2004 y que me mostró lo poderosa que es la herramienta de la palabra como generadora de realidades. Desde ahí pude ver cómo comprender mejor a las personas, resignificar la escucha y darle otro valor a las conversaciones. Es un camino con grandes herramientas conversacionales y transformacionales que reinventó mi manera de comunicarme.